Absurdismo en el Lager

Benjamín Ruiz Quintero 12

Así se gestó "El hombre en busca de sentido" l Nueva Revista

En algún punto de su vida, ya sea de forma consciente o inconsciente, todo ser humano aborda el problema del nihilismo, el punto de vista de que la vida es en, última instancia, vacía y sin valor, ya que nada importa realmente, porque, independiente de nuestras decisiones, todos vamos a morir. Es a partir de este pensamiento que cada persona decide lo que planea hacer con su libertad personal, aquella que todo ser tiene y que no puede ser arrebatada, algo que se evidencia en El Hombre en Busca de Sentido, el magnum opus de Viktor Frankl, pues cada uno de los prisioneros internados, en su afán por sobrevivir, forcejean con su esperanza, para finalmente llegar a términos con la idea del absurdismo: la corriente filosófica que expone que el universo no nos presenta un razón objetiva para vivir, por lo que uno puede hacer lo que quiera, ya que, en todo caso, no importa. Según la corriente previamente mencionada, la mejor forma de vivir la vida de manera plena es aceptando su sinsentido, liberándose así de las cadenas metafísicas impuestas por la condición humana. Es así que procederé a explicar en los siguientes párrafos el encuentro que los prisioneros tenían con el absurdo, para posteriormente finalizar con un vistazo personal hacia lo que es la vida en un campo de concentración comparada con la vida que llevo actualmente.  

Desde que es internado al Lager, la psique humana es sometida a cambios de gran magnitud, empezando con un optimismo de que la estadía allí sería temporal y llevadera. Desde el comienzo es posible notar la forma en la que los recién llegados se aferraban a una débil esperanza, la cual se mantendría con ellos por el resto de su permanencia en el campo, convirtiéndose en el motor que alimentaría su instinto de afianzarse a sus vidas. Con el paso de las primeras horas, los prisioneros entendieron que, a partir de ese momento, esa se convertiría en su nueva realidad, una que tendrían que sobrellevar por mucho tiempo, por lo que, tras dicha realización, comenzaron a sufrir cambios, la mayoría psicológicos, para poder sobrevivir a su nuevo ambiente, algo en lo que el humano se especializa. Fue ahí que, simbolizada por el alambrado, la idea del suicidio empezó a florecer en la mente de quienes se encontraban en el Lager, idea que, según Frankl, “estaba presente en prácticamente todos nosotros, aunque fuera solo por momentos.” Pero tan rápido como aparece, es descartada, ya que el suicidio derrota la aceptación del absurdo, además de que, en el fondo, cada uno de los reclusos sabía que tenía el deseo exacerbante de seguir viviendo para poder lograr alguna cosa, ya sea algo que tenga que ver con el amor, con algún logro personal o simplemente por el miedo a la muerte. A través de la rebelión contra el facilismo y la elección de seguir luchando, cada uno prueba que no es simplemente un juguete del destino, sino que, aunque acarree sufrimiento, uno siempre puede decidir seguir con su vida.   

La pérdida del miedo a la muerte por parte del prisionero de un campo, viene acompañada de la necesidad absurda de perseverar, lo cual le permite llevar a cabo un viaje de autodescubrimiento en el que halla un punto existencial donde puede concentrarse en el perpetuo enfrentamiento entre sí mismo y su propia oscuridad. Los arduos trabajos seguidos por las caminatas y la ingesta de las precarias raciones de comida, sumieron a cada trabajador en una apatía generalizada que servía como mecanismo de defensa en contra de los horrores que se sufrían en el Lager, mecanismo que, sin embargo, no los eximía de añorar momentos que les producían nostalgia. Sumado al hambre y a la forma en la que eran tratados, como si fueran bestias de carga, esto provocaba que surgiera en la mente de los prisioneros la sensación de que llevaban una vida infrahumana, por lo que emprenden un debate interno en el que discuten si mantener la esperanza vale o no la pena. Como Frankl dijo “el recién llegado se sorprendía, con frecuencia, de la admirable convicción de las creencias religiosas de los reclusos,” lo cual indica que muchos de los detenidos encontraban la respuesta a ese debate en una fuerza mayor. Este enfoque absurdista irrumpe en la futilidad, en una revuelta tal vez incluso irracional, y opta por combatir la futilidad a través de la creación de sentido. Visto desde un punto, el enfoque absurdo es el enfoque más original, si se considera que la narrativa de todas las religiones son quizás creaciones absurdas que simplemente han sido codificadas en credos y dogmas, y transmitidas de generación en generación bajo la apariencia de la verdad. 

La lectura de El Hombre en Busca de Sentido me hizo reafirmar mi inclinación hacia el absurdismo, ya que, personalmente, esa idea es la que me inspira a seguir viviendo la vida de la forma en la que la estoy viviendo: encargándome por mérito propio de encontrarle mi propio significado. Por la lectura sobre la forma en la que los prisioneros del Lager encontraban una justificación para su sufrimiento, convirtiéndolo el proceso en algo que harían con gusto, llegué a la conclusión de que debo sentirme agradecido por todo lo que Dios me ha regalado en esta vida. Aprendí que no debo acostumbrarme a las cosas buenas, sino que siempre debo estar consciente de ellas, para poder gozarlas mientras que las tenga, y así, a la hora de perderlas, quedar con la certeza de que tuve el honor de haberlas disfrutado. Es así que para cerrar, quiero expresar que, el sentido de la vida radica en trascender y sobreponerse a las dificultades que se nos presentan a lo largo de nuestras vidas, descubriendo así una verdad que nos ayuda a querernos a nosotros mismo y a los demás.  

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