Discordia

Octavio Bosco 8ºA

Es 23 de enero, tomo mi desayuno habitual en una tienda local donde una anciana está sirviendo panqueques y huevo con salchicha; tomo solo los huevos, como despacio y con paciencia, esa es una de mis características y por eso soy realmente respetado en mi   trabajo, donde obtengo los mejores resultados en cuestión de menos tiempo.  

Terminando de desayunar, leí el periódico sobre un loco que mató a su madre de 43 años, su hermana de 7 y su hijo de 3 años, solo para hablar con ellos como si estuvieran vivos, con la diferencia de que no hablaban. Yendo a mi trabajo en un autobús muy lleno, finalmente llego a la morgue, donde he trabajado durante más de 26 años. Saludo con la mano a un compañero que se llama Isaac, es muy callado, silencioso e incluso, no habla. Después de una hora de hablar con Isaac sin siquiera escuchar una palabra, llegan algunos cuerpos. Es una niña pequeña, un niño aún más joven y una anciana. 

—Has leído el periódico, ¿verdad? —le pregunto a Isaac en un tono oscuro. 

Isaac deja escapar una lágrima de su ojo izquierdo. Procedemos a marcar los tres cuerpos y colocarlos donde deben estar; no es un trabajo tan difícil, solo una mínima preparación psicológica y listo. Esa noche decido no ir a casa y duermo en la morgue alrededor de los cuerpos. Isaac me mira con cara de muerto y se va a casa. Comienzo a dibujar en mi librito, y de repente escucho una voz que viene detrás de mí.  

—Dibujo es, lindo, no puedo, ver, familia. —dice.  

Salté de la silla para mirar hacia atrás y vi que nadie hablaba ni veía mi dibujo. Después de un momento de respiración, me siento de nuevo y sigo dibujando, pero algo anda mal con el dibujo: el color rojo que usé en el papel de repente ha cambiado a un tono oscuro como la sangre.  Empiezo a gritar de miedo, cuando dos manos se interponen en el camino de mi hombro, y habla una vez más:  

—Tú, necesidad, muerte. Tú, mataste, ellos, sueña, sueña, sueña.  

Después de eso, vomito todo lo que he comido en la última semana; incluso me sale sangre por la boca.  Voy a la gasolinera más cercana mientras escucho la voz en mi cabeza repitiendo las palabras muerte y sueño, tomo un bol de gasolina, vuelvo a la morgue y lo pongo donde puedo. Prendo un cigarrillo y lo tiro al piso, y rápidamente salgo corriendo del obitorio. 

 Al día siguiente voy al edificio una vez más, solo para ver la muerte de Isaac en el piso con una nota que dice: 

21 de enero. 

No es necesario que te culpes, esa familia era mía, los enterraste aun conmigo adentro. Te hare sufrir mientras vivas, te lo mereces y eso será peor que la misma muerte. 

-Isaac. 

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