Entre Humo y Polvo

Luciana Araque Uribe 9°A

Aquella mañana me paseaba con facilidad entre los vientos, mi oscuro plumaje sentía un pequeño ardor a causa del sol que se levantaba en cielo, e iluminaba el despertar del norte de Ucrania, mis compañeros iban con velocidad a mi lado concentrados en la brisa que chocaba sobre ellos, y enfocando el voluptuoso pino en el que descansaríamos más adelante. Ninguno pudo haber pensado que esta serena mañana del 26 abril de 1986 se convertiría en un día infausto para todos lo que en ese momento vivían su día a día con las preocupaciones habituales de todo ser humano.

El día aconteció sin mucha diferencia con respecto al resto, me recosté en el alto pino mientras meditaba pensamientos que serían inútiles en el futuro cercano y observaba hacia el horizonte al lado de aquellos que me acompañaban cada día.

EL cielo se tornaba oscuro, y ante el llamado de la noche mis compañeros y yo cerramos nuestros ojos para que nuestro pequeño cuerpo descansara; sin percepción del tiempo estaba entre sueños y descanso cuando una música de terror y sin ritmo capto la atención de mis oídos haciéndome despertar de un salto y con el corazón corriendo. Confundido emprendí un vuelo hacia el lugar de donde provino este espantoso sonido para encontrarme una escena con aire a muerte y tristeza, los gritos de las sirenas del edificio ensordecían toda la población de Ucrania y aunque no se sabía lo que había pasado, estaba seguro de que no sería motivo de celebración.

La construcción ya destruida estaba envuelta en un vestido de humo gris, aclarando que dentro de este algo había estallado, y aunque yo no lo supiera en el momento, la relación entre la explosión y este edificio en específico era seriamente preocupante.

Después de varias horas volví al pino en el que descansaba previamente para continuar con mis sueños, y después de las cortas horas que quedaron de la noche, la siguiente mañana no me despertó con cantos con felicidad, al contrario, el aire estaba pesado y sentía como la melancolía del ambiente atraía mi cuerpo al suelo mientras volaba, desde el cielo las sombras en la tierra lloraban y pintaban sus caras de miedo y enfermedad.

Al pasar de los días el sentimiento que se reflejaba en el ambiente no se deshacía, preocupado por la situación me paseaba por el edifico del incidente cada mañana, o lo que quedaba de este, en el corazón de la construcción se dibujaba un vacío, todo objeto alrededor, ya no era más que tan solo polvo, y ninguna persona se acercaba a este territorio. Comencé a notar menos siluetas en las calles y el murmullo habitual se tornó a un silencio aturdidor, pero cerca de ciertas arquitecturas se sentían gritos de dolor y desespero.

Corría el rumor entre mis especies de que nosotros también seriamos afectados por el escandaloso incidente, este único pensamiento causaba que mis alas oscuras temblaran al volar, preocupado por, mi familia y por todos los que veía cada día.

Días después del incidente estaba balanceándome por los aires al lado de uno de mis amigos, el trayecto era largo y después de varios minutos comencé a notar que no se sentía bien, con un hueco en mi interior giré mi cabeza sutilmente sobre el lado derecho, inmediatamente vi a mi amigo cayendo por los aires sin piedad a la velocidad del sonido. Atónito sobre este monstruoso hecho que se desarrollaba frente a mí ni siquiera me di cuenta de cómo tan solo en pocos segundos, mi respiración agitada junto a mis débiles latidos se congelaron en el tiempo, haciéndome resbalar entre el aire que al momento parecía quieto, volaba justo encima del hondo vacío en el centro de Chernóbil mientras los gritos de dolor de cientos de personas que estaban afectadas igual que yo; todas estas sentían la radiación expulsada por el terreno y que era absorbida por sus cuerpos, mientras caía y miraba al cielo sin el poder de mover una pluma de mi cuerpo me di cuenta que moría al igual que muchos más lo harían…y lo hicieron.

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