Esto es para ustedes

Juliana Rivera Uparela 12°

El tiempo.  

Los años.  

Los momentos.  

Los recuerdos.  

Las experiencias.  

Los aprendizajes.  

Las personas.   

Llega el último primer día. Luego vienen las decisiones. Después, te das cuenta de que ya estás en la recta final.  

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Hay tantas personas que mencionar que incluso olvidas tu propio nombre. Viajas por todos tus recuerdos, desde Bambolino 2, donde comenzamos esta aventura. Ciertamente, hay infinidades de cosas que sucedieron que no recuerdas, pero siempre existen esos cortos minutos del día que se vuelven eternos en tu memoria. Aquel día que traías dos mil pesos para comprar gomitas en la tienda o el papel del científico loco que podías comer, los revolcones, las paletas de agua… En aquel instante, no eras realmente consciente de todo lo que sucedía a tu alrededor, ni tampoco su significado tan arraigado en ti. 

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La primaria. En esa línea del tiempo, tus recuerdos llegan a ser mucho más vividos, comienzan a definir tu personalidad competitiva por los concursos de cálculo mental y spelling bee. Forzza y ECyD no permiten que olvides tu lado espiritual, mostrándote también otro lado de la sociedad, en donde no importaba realmente qué puesto obtuviste en el cálculo mental, sino la destreza que tienes para comunicarte con otros, tu habilidad para permitirte disfrutar de la tarde del viernes. ¿Recuerdas a tu mejor amiga de sexto? Llegabas todas las mañanas a contarle los sueños descabellados de la invasión zombie en el colegio. Tú ríes. Ella ríe contigo. Formaste tu primer grupo de amigos. Tus primeros sueños con ellos florecen: ¿qué harás este fin de semana? Te invito a mi cumpleaños… Después de todos estos años, todavía piensas en lo ingenua que llegabas a ser, pero disfrutas de tu infancia y la inocencia que poseía el momento.  

¿Recuerdas tu canción favorita? ¿Y aquella que hacía que algunas gotas cayeran por tu rostro? Comprendes que no todo en la vida es felicidad, que también están los momentos en los que simplemente quieres parar el tiempo y tomar un respiro hondo. Ahora entiendes que está bien sentirse así, pero es difícil explicarle este tipo de cosas a aquella niña pequeña, abrumada al saber en mundo enorme que le esperaba. Aunque, antes de ceder ante el sueño con los ojos cansados, la presencia de tus papás te recordaba lo bien que se siente el calor de uno de sus abrazos y que no tienes por qué afrontar las grandes expectativas del mundo a solas.  

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El bachillerato. La gran palabra. Ya eres de los grandes del colegio y con ello vienen las responsabilidades de “grandes”. Los primeros trabajos de investigación de tu vida. Las ideas fluyen y entiendes por primera vez la importancia de dejarlas nacer en tu mente, la importancia de permitir que tus manos las hagan realidad y la importancia de tus palabras al comunicarlas. Tal vez, con ello, muchas dudas vengan a tu cabeza también. No todo es tan fácil como en años anteriores, donde tragabas sin procesar lo que te decían, sino que ahora tus opiniones cuentan tanto como las del resto. ¿Qué defiendes? ¿Qué derechos deberían implementarse? ¿Crees en Dios? ¿Qué tipo de personas amas? ¿Qué quieres hacer con tu vida? Son preguntas inevitables, pero que permiten un desarrollo personal… propio. Es complejo de explicar, pues por más que pienses que las respuestas a estas preguntas serán las mismas o mínimamente relacionadas, al escuchar a los demás comprendes que el mundo es un lugar mucho más complejo, atractivo, diferente, diverso y hermoso, que la belleza de este está en que las respuestas a las preguntas varían con la secuencia del ADN de quién responde.  

Con ello aprendes a amar. A amar las diferencias en esa persona, a amar cada aspecto en el que son parecidos, a amar aprender de sus fortalezas y debilidades, a amar mejorar para esa persona. De igual manera, aprendes a amar escuchar a los mayores, pues reconoces la sabiduría en sus palabras. Que, aunque el cambio sea complejo, siempre viene con algo bueno y… atípico. Agradeces los cambios que tuviste en tu vida. Aprendes que no serías la misma persona si no te hubieras arriesgado a tomar ese examen, a hablarle a esa persona y retarte a dar más de ti, pues confías en tu proceso y en tus capacidades. Sobre todo, aprendes a amarte con todas tus matices, originalidades, ideas, pensamientos y deseos.  

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Una vez llega el último primer día, el momento de tomar las decisiones y el momento de realización que estás en la recta final, agradeces el lugar en el que creciste y donde pasaste más de quince años de tu vida. Una vez estás feliz con la carrera que escogiste, agradeces los momentos de tensión, los momentos de felicidad, los momentos de tristeza, los momentos en lo desconocido, que ahora se convirtió en casi que tu segunda casa. Y aunque haya tantos nombres que mencionar, sabes quién eres y todos los nombres de quienes han aportado en este largo pero hermoso y único proceso. Cuando escribes un texto como éste, deseas con toda tu alma que aquellas personas sepan en su corazón que te marcaron y que las llevarás en el tuyo por el resto de tu camino. Esperas que, con este corto texto, sepan que no es un “adiós”, sino un “gracias”, un “te reconozco”, un “te admiro”, un “marcaste mi vida”, un “hasta la próxima”.  

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Gracias, Cumbres, has dejado una huella en mí. Con amor,  

Juliana Rivera Uparela.  

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